Me maravilla oír hablar del respeto que merecen las lenguas, cuando el respeto es debido a las personas. Las lenguas, son vehículo e instrumento –valiosísimo en veces, cuanto más cultas, más libres y más universales, otras veces instrumento menguado para mantener en el reducto, o moldear según la fuerza o la política. Recuerdo, sobre este particular, una tertulia de sobremesa con filósofos –y uno, con ademán de elevación moral y de respeto dogmatizaba de este modo: cada lengua… una cultura propia y diferente. Y obtuvo una respuesta: ese dejo romántico en tus palabras no denota respeto, sino complicidad con la parcelación de la cultura y de las gentes. Recordé, entonces, aquellas palabras –a mi ver, maravillosas- de Mallarmé, traídas en otro lugar de este Blog y a otro propósito: las lenguas, imperfectas en tanto que varias, falta la suprema –el verso, complemento superior.

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