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Propongo al lector un juego de puzle –otee un mapamundi imaginario, extraiga la pieza que llamamos la Argentina, haga hueco en lugar apropiado de la meridional Europa e inserte la pieza trasladada. Ninguna perplejidad al pensamiento –por la homogeneidad y el intercambio de códigos equiparables de cultura. Si bien una feracidad natural, riqueza demográfica, que intimidan –capaces, bien llevadas, de condicionar el continente entero. Repase, ahora, el lector –jugueteando- las cifras: no sólo de la deuda. Como si un pecado económico –político, por tanto- se expiara interminable en los hijos de los hijos. Y aquí, parafraseo a Gil de Biedma, la pobreza no es estado místico del hombre –si bien, inveterado, el mal gobierno se asemeja vez a vez a la administración desigual de la pobreza.

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