Un profesor que tuve, -antiguo como era, viejo, envejecido- decía lleno de candor y casi de ignorancia, que el hombre no es esclavo de la máquina -pues le basta no encenderla. Ya columbraba yo, adolescente entonces, que el asunto verdadero es si podemos pasar sin conectarla. Lo vengo a decir por una cuestión técnica sobrevenida que me retiene en la comunicación a través del Blog -sólita que resulta, y a la que estoy acostumbrado. Inserto este aviso por una dispensación que me permite compartir momentaneamente esta conexión y este aparato. Pronto -quizás esta noche, quizás mañana- ofreceré una cuestión sobre la Argentina -que tengo escrita y pendiente.

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