No seré el solo en haber sentido qué difícil es algunas veces –después de unas páginas escritas- encontrar un título feliz. Antesala capaz de describir, de evocar, de sugerir o atraer. Con el brillo de lo bello, con aire entre las palabras, y a la vez con rigor. Provocador a veces, pero no siempre ni en ocasión cualquiera. Algo así, como sucediera tal vez al primer hombre que, ante las cosas estrenadas y recién nuevas, afrontó la dificultad de nombrar.

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