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En cuestión de nacionalismo, digo, no hay término medio. Se posee la identidad, o se carece de ella. Se está por la causa propugnada, o se es sospechoso. Dos bandos, por lo tanto y desde entonces. Podría no ser desacertado afirmar, desde el orbe sociológico, que el mayor impulso contra la convivencia libre y entre iguales haya provenido en la reciente España desde los nacionalismos –que los hay, y vaya. Con desagregación y ruptura no sólo entre territorios, sino en el seno de los mismos en los que ejercen su dominio de influencia. Traigo estas consideraciones, con motivo de una historia de facebook con Alfonso Galindo y Enrique Ujaldón –junto con indiscutidas personalidades- proclamando el nacimiento de un movimiento cívico de resistencia y exigencia a la autoridad contemporizadora del Estado. Libres e iguales, con la ley igual, de todos y por todos –tal rasero democrático e inquebrantable.

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