Para quienes siguen el Blog desde fuera de España –que los hay y numerosos, agradecido yo y reconocido por igual a todos- diré que La Cúpula es una serie televisiva en horario nocturno y de tono adolescente. Con capítulos de acción ingenua y flácida, remecidos en el aliciente de una intriga –la cúpula, obvio, que cayó sin saber de dónde ni la causa de ello cuál fuera, cubriendo una plácida ciudad de americanos –siglo XX, actual, y con aire campesino. Una cúpula transparente impenetrable –con su magia interior, sus médiums, sus malos y sus buenos. Esta serie ha tenido conciencia para sí de su atracción en la pantalla –prueba, el valor de interrumpirse adrede durante meses prolongados, y reanudarse nuevamente tal si nada hubiese sucedido: ni en audiencia, ni en vigencia de la exigua trama conocida. Quizás la atracción de lo fácil, en horas de cansancio sobre todo, unido a una intriga extravagante que el espectador espera traducir en un designio natural pero cósmico, a lo grande –no crédulo, y de adultos… faltaría.

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