Pues el contribuyente español lo sabe: la cruz en la casilla de la Iglesia, o en la que a fines sociales corresponde, o en ambas a la vez, o en ninguna -a elegir. En la declaración tributaria de la renta anual: como un terciar el Estado en cosas que juzga de interés. Pero la voluntariedad disimula el importante embrollo, la confusión de foros y su arriesgada concepción: el dinero así asignado a través del poder fiscal del Estado ¿es público o privado? ¿Para los receptores, hay obligación de responder? Más franca, pero también con grave inconveniente en lo que a la religión toca, la escueta subvención.

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