Las cosas son como fueron. O, al menos, en dejar de serlo tardan más –mucho más- de lo que la vida de un hombre comprende. Pensar que algo, en decenios tan sólo, se hubiera modificado –es error o ilusión de perspectiva. Así, vengo en hablar de territorios de España: los reinos antiguos –León, Castilla, Aragón, Gibraltar, Granada o Murcia. Creo no errar si digo que ningún constituyente –de la del 78, digo- pudo aventurar hasta dónde más tarde llegaría la descentralización autonómica –a cotas que no sé si el espíritu de la época pensaba, deseaba o presentía. Pero se rompieron reinos y se crearon califas. Reinos rotos: Aragón, Murcia y Castilla, sobre todo. Califas periféricos –sin el contrapeso de unidades históricas potentes e integradas. Resultante –la prensa lo desgrana cada día.

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