No me parecen bien las películas hagiográficas. Sobre todo, por la ideología sin reflexión que propagan. Y, aunque Meryl Streep sea aquí protagonista, esta película me gusta menos todavía -por dos motivos que aventuro, o que supongo. Porque no hay ideología básica en ella, salvo el decisionismo del carácter y una energía rayana en tozudez, que los resultados consagran invariablemente. Por el tópico sin historicidad –la imagen como anécdota de un tiempo, de unos temas y unas gentes. Pero tampoco me gusta por la perspectiva de la vejez sobre la vida transcurrida –ya sabemos que no hay elogios desmedidos como después de la muerte, como sabemos también que la senilidad idealiza lo que en su momento y de por sí no fue nobleza, ni acierto tan siquiera. Por eso, y por más, reafirmo: no me gustan las pelis hagiográficas. Pero, puestos al caso –esta, menos.

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