Con ese ritual del segundo café de la mañana, he departido con un médico joven –brillante su carrera, roma la oportunidad de laboreo en esta España. Y, por él, he pensado en tantos, tantos, tantos… con desespero de que sea realidad nunca más empleo estable –fijo no digo ya, ni perdurable tampoco. Tal si la piel tersa todavía, el pelo en nada encanecido, ni siquiera esperaran aire alguno proveniente del futuro –amortecidos sus ojos como estaban, sus poros sofocados en el túnel de un presente intransitable.

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