El cementerio no está lleno de personas imprescindibles. El dicho, buscando sabiduría, adopta sólo pose contrahecha. Como tampoco, escuetamente, está lleno. Ni está lleno de personas que erradamente fueron reputadas como tales –a tanto nunca llega el aprecio de los otros. Ni cabe aseverar tampoco que el cementerio esté, salvo que se trate de un solar –un topos geográfico, objeto de agrimensura como tantos. Y si –por tanto- ni está lleno de gente imprescindible, ni lleno tan siquiera, y si tampoco está… será entonces que es –el cementerio: destino contestado que el recuerdo, piadoso tan siquiera, reclamara en tiempos (¡ay!) que fueron y nos dejan.

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