Como avión que, en la pista de despegue, exponencial incrementaba impulso en su carrera –punto a punto, estrellando en el aire los alones que rugían inaudibles en el medio de su estruendo. Y desde vecina altura, la joven apoyando sus brazos en la barra ceñida hacia el vacío, el avión elevando ante su vista la estatura mastodóntica y pesada -maniobra graciosa sin embargo tal cometa que se izara inocente o trivial, y sin esfuerzo. Torso al bies entre las ráfagas, trazando luego curvas con altura paulatina y –después- rectilíneo hasta el rumbo definido. Imaginario e ignoto que fuera, sin embargo. En la calle, a ras ya de la baldosa, las manos enguantadas con colores juveniles de lana trabajada, regresa aquella joven –el pensamiento fijado en lugares de arribada. En la acrobacia que, tal camino, los crea -o, también, los invocara.

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