Se podría discutir si es axioma o postulado: hay interés psicológico, donde la censura es presente de algún modo. Esa censura que es tal cuando no es expresamente ejercida, sino presente sin sentirlo –aceptada con sumisión callada, espontánea y obediente. Con el menoscabo de otras franjas –ahora sí, de nuestra vida consciente y voluntaria. Desde aquí, cabría indagar qué profundidad o qué censura hay en el sentir vergüenza –de la ajena. Qué de otros nos repugna como propio y nos afrenta –qué nos une en la hondura del desprecio, y quisiéramos no saberlo ni expresarlo.

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