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Los resultados de las elecciones europeas –malos, muy malos sin matices, en el caso del partido opositor en España- han desatado en los dirigentes un ataque, se dice que moral, de responsabilidad asumida. De consecuencia, dicen. Con renuncias y dimisiones –renuencias en allegados a las cúpulas, de edad determinada. Amagando, no sé, un relevo no pautado de generación, mentalidad y planteamiento de irrupción súbita y tal vez improvisada. Generación e ideas, expresamente no vinculadas por la historia reciente que hasta acá nos trajo. Como anunciando turbulencias, ajustes renovados ante una fragmentación pululante de partidos y políticas no contrastadas del lado de la izquierda. Inestabilidad se anuncia –dificultosa tal vez, o de gestión gravosa. Haya un partido robusto al otro lado –o no lo haya.

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