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Es cosa normal, que rece el Papa. Que a ello se unan los presidentes de Israel y Palestina o es cortesía, o política, o religión. O, cosa más plausible, religión y política simultáneas y al alimón. Como la naturaleza del conflicto propiamente lo es. Creo que hay aquí un presupuesto que plantea una incitación, entre otros, al concepto político liberal –por lo que de subjetivo hay en el sentir de la religión. Será cosa de ver lo que en término político quepa esperar –pues en política, a favor del gobernante, cuenta el arbitrio decisorio del Estado; en religión, sólo el liderazgo y –crecido en tanta medida el odio- no siempre ni sobre toda la masa y estratos de la población. De aquí que no deje de ver en la voluntad del Papa, y en términos políticos, una apuesta inestable y no excluyente entre religiosidad y política secular –en un sentido muy próximo a la apuesta de Pascal. Un posibilismo asimétrico, entre un Estado moderno y un Estado teocrático y confesional. Cómo cada cual -y entre ellos- pueda tornar operativa esa apuesta, sin voluntarismo alguno, eso será otra cuestión.

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