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Liétor, población engastada en la Sierra de Segura. Esa franja frontera del Reino de Murcia, hoy administrada por la demarcación provincial de Albacete. Lugar santiaguista, junto con Letur y Férez entre otras poblaciones del entorno. Lo vengo a traer, porque estos días Liétor celebra la trigésimo segunda edición de conciertos en el órgano dieciochesco de su iglesia parroquial, advocación –cómo no- de Santiago –del apóstol. Treinta y dos ediciones son muchas, como sabemos y pienso. Tal vez se explique también por este modo que el templo hoy se hallara a rebosar para el concierto –gentes, algunas, con aspecto foráneo. Las más, aspecto popular de gentes de por allá –que acuden. El órgano –Josep Llopis, 1787- suena como los ángeles. Esta vez lo maneja Jorge García, organista: magníficos el Tiento de falsas de Cabanilles, una Sonata de Scarlatti, y dos piezas sacras de Hilarión Eslava. La temeridad convierte a estos autores en colofón y relleno: inicio del concierto, cuatro composiciones del propio Jorge García que ocupan la mitad primera del tiempo y que no alcanzan –un suponer sería- la altura de las que brillan en la mitad segunda. Con una sola de muestra, el tiempo se hubiera empleado mejor –el concierto más rotundo y la humildad más patente. En la puerta, a la salida, muchachas ataviadas con delantal y refajo reparten tarritos de cristal rellenos con miel de espliego. El pueblo, montaraz –entre guerrero y murciano: delicia del entorno y de la gente. Y del paisaje, a sus pies y oteando.

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