Es corriente ver grupos de hombres por la noche y en bares, en localidades rurales y pequeñas –y sobre todo en verano. Al arrimo de una cena de mesas en la puerta, al aire libre. Con vocerío de conversaciones donde todos se atropellan. Y allí hablaban de fútbol –de la final de la Champions: el Real y el Atlético en Lisboa. El minuto 93: lance apasionado para varios tertulianos. Quién mejor partido hiciera, quién controlara los centros del campo deportivo, el entrenador del Atlético y sus días pasados de jugador con maneras discutidas. El tono ascendiendo al punto en que todos hablan simultáneos –razones encontradas. Espectador, desde la barra, el patrón del bar y camarero: gusto oírlos hablando de fútbol -verdadero. Si a esa final llegara el Barcelona, ahora se hablaría aquí –no duden- de política.

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