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En partidos políticos de dimensión y arraigo, los militantes más concienzudos conocen la importancia de saber el catecismo. No el electoral, mas el que define el proyecto y el camino, fundados ambos en la construcción dilatada y sólida de un sistema y comprensión de la política –cualquiera sea el sistema o el partido, en cada caso. Aunque el día a día, el año a año, lustro a lustro, haya ido erosionando –plegando el catecismo al requerimiento instantáneo y corto plazo de la oportunidad o coyuntura transitorias. Lo peor, una generación que emergiera confundiendo catecismo y coyuntura, consigna y pensamiento –a estas resultas. Por ver, lo que aguarda tras la retirada de un estratega –sobre todo- veterano. Después de Rubalcaba, en la prensa de ayer y en este caso.

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