Que un puñado de mujeres, dicen los papeles, se ha dirigido al Papa pidiendo el cese del celibato obligatorio del estamento sacerdotal. –No sabe usté el sufrimiento: mire usté, Santidad. Un argumento emotivo que sonará por lo dúctil al gobierno de la curia –habituado, ya se sabe, a mantener la postura, tendiendo desde lo alto la mano flácida de la conmiseración. Sin argumentos definitivos y duros: lo inmoral de abdicar del arbitrio sobre sí –y más, en edad juvenil y a perpetuidad-, de lo arbitrario y el sinsentido también. De la violencia, o chantaje persuasivo, que el estamento ejerce sobre la intimidad. Y, cumbre del argumento, que –si es que todavía hoy importara- dentro de nada, para el mundo y en conjunto… ya poco habrá de importar.

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