Nada voy a decir ni a saber. Ni de vos… ni de vos… ni de vos. Dicho que fue con dedo admonitorio no, deíctico y arrogante –señalando sucesivo a ti, y a ti, y a aquel. Hablando cadencioso, con respiración forzada y cejijunta, ante esa trinidad unida en el desprecio que él sentía y resentía, difícil y feroz. Tres personas ensambladas en el odio que por ellas, implacable, profesaba. O, según la perspectiva, en su propia mezquindad común y sola.

©

Anuncios