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Anda, el asunto de educar, bastante desnortado. En España, digo. Con desembarques, dentro de su sistema, de gremios de cualquier laya. Los que buscan arrimar el ascua a su sardina –pregonando la preeminencia de su estatus, la indispensable aportación que sin ellos no es posible. Y estructuras: que se crean, que -una vez que son- inventan o generan los objetos para los que fueron concebidas –incluso, no existentes. Y, luego, otro estamento de radicalización creciente en su demanda: que la administración, el sistema, asuma y ejecute una relación emocional, legitimadora y no objetiva con los hijos –sus alumnos. La administración también, con la política cambiante, y la demanda que la sociedad proyecta en el sistema –sin reflexión, objeto que ha sido tantas veces de vidas enteras de Plutarcos, de Platones u otros tantos.

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