El Chelsea y el Atlético de Madrid, hoy, partido de la Champions. Con la expectación que el fútbol desata en todos los estratos. En el bar de abajo, apasionados gritos –vivas al equipo español cada vez que puntuaba. Gritos unánimes de ininteligible contenido, pero expresivos tal no más pudieran serlo. Imagino –acostumbrados que están, sin embargo, para daño suyo- a esos jugadores que se saben bajo la mirada feroz o aprobatoria de la hinchada –según el resultado. Su salida, de paisano, del vestuario a lo nocturno de las calles: estrellas rutilantes a sus ojos –a los suyos propios, en término primero. Tal si el mundo les resultara estrecha morada, o casa insuficiente. He recordado aquellas palabras –atribuidas según creo al Gallo: matador de toros en la feria de Albacete. Al final de la faena, y urgiendo al sirviente a preparar el coche para el regreso nocturno a su Sevilla. Pero, maestro, con lo cansao que está usté y lo lejos que es Sevilla…Calla, desgraciao, que Sevilla está donde está: lo que está lejos es esto.

©

Anuncios