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Vélez-Blanco es población unida a la altitud de su montaña, a la historia y a su agua. Frontera entre los reinos de Murcia y de Granada, hace treinta y cinco años quedó de la parte de Andalucía por una partición administrativa de provincias de hace un siglo. Viene esto por la historia: sobre todo el marquesado –vocación de unidad política frustrada en la almendra de los siglos. Con altitud de aire limpio y casas blancas, el río Claros recogiendo las aguas de la nieve de la Sierra de María –y, estratégicos en el medio del pueblo y sobre el rio, los caños de Caravaca: cuatro caños gruesos donde el cobre ofrece abundante el agua que vecinos recogen en jarras de cristal a mediodía –o que el caminante bebe refrescante en las horas de la siesta. La losa del altar de la iglesia lo refiere: ex petra melle saciavit eos. El agua transeúnte, desemboca –natural, y por fin- en la cuenca del Segura.

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