Un factor que influye poderosamente en la desacralización de la Administración de Justicia, son los telediarios y tertulias. Como en todo. Aquellas antiguas sesiones inaccesibles al común, en escenario togado y con inferioridad manifiesta del reo ante la escena presuntuosa y altiva desplegada ante sus ojos… esas sesiones, ya, con frecuencia creciente son pugnas en las que el togado aspaventea, finge, miente llano y expreso, todo ello hasta el límite que el magistrado establezca según su robustez moral, su fortaleza o sus principios. Ante el respetable siempre, multiplicándose la escenografía en la pública inmediatez de las cámaras –que juzgan implacables según el tópico, la emoción o el prejuicio populares. Incluso, diría, la intervención cada vez más frecuente de abogados en procesos de naturaleza puramente administrativa, lleva a veces el ruido a los despachos en los que el funcionario ejerce su oficio en la objetividad sin apasionamiento –ni tampoco, desenfado.

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