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En el carrusel de historias que facebook moviliza, se muestra una reflexión de MAHP sobre la cosa política en Europa y en España –con elecciones al fondo. Este asiduo facebookiano es hombre de convicciones simples, pero firmes. Digo de convicciones simples, convencido que estoy de que ello no les resta valor sino que las dota de operatividad, de verdad y contundencia. Hoy, digo, ha opinado sobre el descrédito de partidos políticos tradicionales e instituciones. Del alumbramiento de minúsculos partidos, algunos escorados, que fragmentan el cielo –de por sí ya fragmentado- de esta Europa. Y un aviso a navegantes –que si los partidos no representan a quien deben, la oligarquía política resultante estará socavando algo más allá que sus particulares cimientos. Leyendo, me he preguntado por la historia de la representación en España –tomando como inicio temporal el de aquel habla, pueblo, habla de nuestra transición recién rememorada. Tengo para mí que la derivación –no sé en qué medida negligente, en cuál intencionada, pero continuada siempre e implacable- hacia el uso del lugar político ha nacido de un divorcio preliminar o previo que rompe el tejido muscular de nuestra España –ignoro si también de otros países del entorno: una divergencia muy esencial de intereses entre dineros, población y gobernantes –que, lejos de buscar recomponer el músculo dañado, se acuestan siempre al sol -que más les achicharra.

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