Olvidamos a veces que nuestros bisabuelos, incluso los abuelos para algunos, eran niños cuando Cuba era española. Tan fugaz es la memoria de las cosas. Por no hablar, para los más jóvenes, de hechos más recientes. Aquellos del candil y el lavadero comunal en las afueras, los tiempos del TBO de la infancia –con aquellos inventos ingeniosos de Josechu, o la historia repetida de los Pómez: de un país que convivía en tediosas visitas de cumplido, aún sin el nivel de economía que permite encontrarnos más amenos en los bares –socialización de la barra, de la caña y de la tapa.

©

Anuncios