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El esteta, en su presencia pública y corpórea, no anda tan lejos del narcisista. Lo digo así, porque no todo esteticismo es exhibición de sí presencial, y con aplauso inmediato y percibido. Quien escribe, por ejemplo, puede dejar en el texto su afán esteticista –de belleza perseguida en término primero, con manierismo no forzado sino franco en su construcción efectista e impecable. Pero el escritor, lo estetizante lo deja prendido del texto que se muestra solo y por sí habla solamente –el autor, allá queda si alguna vez contó en verdad para algo relevante en lo ya escrito. Hay estetas, sin embargo, que se muestran con su voz y con su cuerpo –con afectación, bella incluso y amanerada en veces su presencia tal reclamo. Con remirarse en el aplauso y con amor de sí, tal quien se piensa auténtico y valioso tras el fasto -que en gestos y palabras él mismo lo pronuncia, y en el desleírse de la nieve encharcada en las baldosas lo recibe.

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