Hay veces en que las ideas me vienen por repetición hartiza de un estímulo –por aturdimiento del sentido, y su saturación. Digamos, hoy, en varios oradores que hablaban de familias: las de etnia gitana, con repetición del cliché como muletilla correcta –o como un obligado tic. Me he preguntado su por qué. Qué hay de mal en decir escuetamente, y como siempre, las familias gitanas –sin modulación retórica para atenuar el acento supuestamente indebido de la gitaneidad. Como se puede decir las familias nórdicas, o africanas, o asturianas, o monoparentales, o cualquier otra modalidad quizás. Salvo que el ser gitana la familia, el hablante lo considere baldón –con el contrasentido de que nadie hay más orgulloso de decir la palabra gitano que el gitano mismo, que lo es. Lo de etnia, sin embargo… es hablar inter nos de razas y, por ende, de una tácita segregación.

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