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Juan de Loxa, en el último tercio del siglo XX, ha sido gran movilizador del verso en el orbe de Granada. Con estela de jóvenes escritores no girando en su galaxia, pero aproximados sus nombres en iniciativas llenas de agilidad y frescura. Quizás pocos asocien a su esfera, por ejemplo, el nombre de Joaquín Sabina –sus coplas canallas, suburbiales, pero con desinencia de vivencia honda y desgarrada, como fuera de otro modo en el flamenco. Juan de Loxa ha sido escritor abundoso, y coplero acaudalado en versos y en ritmos -antiguos y del pueblo. Recuerdo cuando, en un establecimiento de la Gran Vía granadina, compré un ejemplar caprichoso de su recién publicado …y lo que quea por cantar. De memoria traigo –creo que no confundo, en la distancia, ni el autor ni la obra mismamente- aquellos versos canallas a lo ingenuo, con tópico resonar –casi recién atrapados en las jarcias de sones albaicineros:

Contigo no duermo yo,
que yo sé que no me duermo:
que no me duermo, que no.

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