Las temporadas teatrales cuentan con obras y autores de afluencia grande de público, y otras más de relleno –carácter que el respetable ratifica con palcos vacíos y escasas butacas ocupadas. Ha sido el caso –ayer- de esta obra, autoría del dramaturgo Chema Cardeña. Debo decir que un escenario bien montado, con oscuridad barroca y mobiliario. Un buen atuendo, y también aseada ejecución por Eva Marciel, Javier Collado y Federico Aguado -tres actores que consiguen llenar el escenario. Sin embargo y dado que, pasados abundantes minutos de la trama, el público apunta levemente algún instante imperceptible de tedio, algún problema debe de haber en la construcción de la acción sobre las tablas. Por una parte, La puta enamorada –título de potencia retórica que fracasa, por lo común y lo blando- se presenta como una tragicomedia –guiño a la Celestina, entiendo: pero no se advierte un retrato sinérgico y congruente de la Calderona, sino dos momentos netamente separados. Por otro lado, la tragedia no se presenta sobre la escena sino que es narrada por los personajes –perdiendo la fuerza teatral que necesita: la urdimbre palaciega de la corte de Felipe IV, con delaciones políticas al fondo, y la fidelidad por amor a Diego de Velázquez por parte de la Calderona, la amante que no fue –la prostituta. Mejor libreto hubiera dado lugar a fuerza dramática más vivaz sobre la escena. Pero méritos bastantes, para valer la ocasión más allá de las candilejas.

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