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Valderrobres, en la comarca turolense de la Matarraña, es uno de los pueblos medievales españoles que hay que visitar. Su trazado -de vericuetos, de calles escalonadas y curvas que se ciñen al monte que la sustenta. La puerta de San Roque –en el puente medieval, sobre las aguas claras del río Matarraña, que da acceso al interior de la población. Nada más allí, la fábrica renacentista de la Casa Consistorial –edificio colosal con trazas aragonesas que sorprenden por su monumentalidad. Sobre todo, también, y junto al singular trazado urbano, la iglesia y el castillo. Iglesia gótica donde haya –cuyo pórtico, su encuadre urbano, recuerdan el templo de las ruinas de Calatrava la Nueva, en la provincia castellana de Ciudad Real. El castillo, fortaleza-palacio del señor del lugar –el arzobispo de Zaragoza que, en sus momentos, lo fue. Historias y lugares de una plaza frontera entre el reino de Castilla y los condados catalanes –con voluntad inquebrantable de su pertenencia a Aragón. En la plaza de España, nada más franquear la puerta de San Roque, una empresa de servicios turísticos ofrece visitas guiadas. El guía –Jorge Gil, para su honor- cumplió con gusto y competencia puntillosa su afable cometido. En la misma plaza, el menú del Restaurante “La Fonda” en absoluto defraudó.

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