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A diestro, poco. A siniestro fundamentalmente, la juez Alaya reparte mandobles, censuras, presidios, fianzas millonarias. A siniestro, por imperativo sociológico y estadístico –número de gobernantes andaluces ubicados a la siniestra del arco de su parlamento, junta o asamblea. Y número de años, de lustros, de decenios. Por su lado, el público –a la diestra, sobre todo- se relame de los truenos que se escuchan dentro de la caja negra de la instrucción del caso. El caso que se alarga, como largo y suponible es el delito. Con regocijo popular, también, de ver a los dioses tocados por el rayo –caídos no aún, o todavía. Con su punto escéptico, por la justicia que corre impredecibles caminos y lentos –salvo que se cumpla el dedo omnipresente que la política emplea, y entonces los caminos se vuelven ciertos, predecibles, omnímodos, seguros.

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