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Hoy, día –que dicen- internacional de la mujer, una procesión feminista junto a la catedral. Remedo de cantos litúrgicos con letra desmañada o amañada para el caso. Un paso en hombros, desfilando la figura de un clítoris enorme con himen rasgado e inicio de vagina. No túnicas ni mantos: camiseta y pantalones negros –si posible, grasientos de uso y de falta de lavado. Aborto sí. Eso dice una multitud de no más de cincuenta. No digo que la discusión social no exceda en mucho el número de congregantes. Pero me he preguntado por qué la exhibición de zafiedad suele unirse tan de grado a proclamas feministas –si es ello indispensable, con qué fin y hasta qué grado.

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