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En Valdepeñas, el día aquel de lluvia pausada y persistente. Las calles más céntricas, adoquinadas al centro y travertino en las aceras. Ligeramente resbalables al peatón descuidado que deambula. En la plaza que presiden el templo y el concejo, bares en círculo dispuestos –arremolinando sus tapas, sus menús, sus toldos y terrazas. Un tanto más abajo, la tienda de Antonio León –quesos, carnes, no una tienda de ultramarinos como otrora fuera el uso. Discreción al interior –de personal y clientes. Cortesía, voz baja y atención solícita que destacan. Allí, veo los quesos de La Casota –de la población próxima de La Solana. Con intenso olor y tacto compacto y moldeable en la corteza. Más arriba y de vuelta, el mesón El Comendador –ambiente populoso de gentes tomando los vinos y cervezas de la hora de tomar aperitivo. Arriba, el comedor –con su cordero al horno, su ensalada de queso y jamón de bellota. Su vino de bodegas Corcovo –un buen hacer en vino, en todo el corazón de Valdepeñas.

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