En el relato, afirmo que el uso del imperfecto verbal, o el indefinido –pretéritos, ambos- debe ser economizado hasta dejarlo en lo exhausto. Pues su uso abundante –y, más, su abuso- produce sensación de distancia, irrelevancia o impertinencia de lo narrado para el interés presente de quien lee. Y más –porque crea la impresión del escritor tal espectador privilegiado y único: mirada de un dios orfebre de palabras, chapucero o torpe en el retrato de la acción –la narración y su escritura.

©

Anuncios