El lenguaje de los gitanos en España –el caló– pudo aspirar a ser lengua culta –si tuviera una codificación escrita de amplitud mayor. No sé si hoy podría aspirar a serlo, dada la circunstancia de política lingüística en el ámbito peninsular. Su desvalimiento en el panorama legislativo denuncia quizás la sobreprotección –y abuso, que diría- de otras lenguas de ámbito vernáculo. Yo no lo hablo –ni lo conozco. Aunque en tiempos de estudiante sentí una atracción inicial. Sin lugar a dudas, por el afecto que me unió con el poeta José Heredia Maya –gitano, él. Fue este escritor quien me recomendó el manual gramático del caló –no sé si antológico o único- escrito por Quindalé. José Heredia escribió uno de sus poemarios juveniles en lengua entre paya, entre caló: me refiero a Penar Ocono. Aquel poemario en el que, entre otras dimensiones cantarinas y tiernas de la lengua, insinuaba la no pertinencia de las cuestiones de la sociedad paya –ejemplificadas en el catecismo, como medio de imposición ideológica- para un pueblo –tal vez mitificado y sufriente- que sólo desea poder amar y vivir. Dejo para el lector la indagación de los significados calós en los versos de Heredia Maya que traslado a continuación:

Me han preguntado quién es más bueno:

si Jesucristo, o el Padre Eterno.

Yo he contestado: sina dinelo,

penar ocono, sar prusca perso.

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