Es importante, cuando el lugar que se ocupaba dejó de reconocerse, y más, cuando la distancia ha trabajado lo bastante en pro de la indiferencia –peor en tantas cosas que el explícito rechazo… cuando el entorno y uno mismo han cambiado en tal manera a los unos y a los otros… Y entonces importa discernir el justo instante de alejarse -sin huída, con dignidad hacia sí o hasta un lugar más propio. No es, entonces, el acierto el retirarse –mas la elección del momento que sea más apropiado. Tal el viejo lo decía, en aquella ocasión de duelo y tanatorio: para el no allegado, acertar en el momento justo de marcharse.

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