El deber de conocerla, y el derecho de usarla. La lengua española en España, por supuesto -la Constitución lo dice. La ley, no obstante, gana fuerza y expresa presencia entre sujetos en medida en que se han debilitado fundamentos espontáneos –aceptados rotundos, por no escritos, en la convivencia ordinaria de las gentes. Una lengua universal, por otra parte –Juan Ramón Jiménez dixit. En televisión, y para todos: lenguas de reducido alcance –ligadas no tanto a la comunicación, como a la afirmación de identidades suponibles. Vernáculas, diríamos –no francas. Pregunto si no habría respeto al oyente no vernáculo, ofreciendo traducción simultánea –con voz ajena y no reconocible- del político en segundo plano perorando.

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