Etiquetas

El aire de Granada, invierno, entonces era terso tal cuchillo. Con una luz fría hiriendo con su roce en los ojos, en las manos, en el rostro. Presurosas, mujeres por las aceras –calle Recogidas, al centro. Con abrigos. De pieles las provectas, pues Granada era lugar de un postín antiguo y atildado. Hiriendo el cielo, desde alturas diferentes –la suya cada cual, todas esbeltas sin embargo, con su dejo indolente hacia la atura: la Alcazaba desde la Plaza Nueva, la torre de la iglesia de San Gil –allí, en el llano-, la de Bibataubín, sobre todo en ocasiones de nevada.

©

Anuncios