Estos días de nieve… cuando desde el valle, sus ciudades populosas, vehículos escalan placenteros los repechos y rasantes que aquí llevan  –a esta altura. Vehículos de familias con infantes, de parejas, jugando con los copos y muñecos -o coqueteando en batallas algodonosas, suaves, inofensivas y blandas. Y así -moteadas las copas verdioscuras de los pinos- las blanquísimas laderas de los montes sembradas de pisadas, del rojo vivaz o encendido del abrigo de los niños, de katiuskas y de gorros…  Estos días, cuando comer a mediodía es recogimiento –mesón de lumbre y de vigas de madera, alboroto interior y callado de las mesas-, el frío los congrega pulsando al otro lado de cristales empañados, del vaho que acaricia en las ventanas.

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