Cuando una ficción teatral no alcanza a interesar, ni puede –siendo así la novela primigenia, la película ulterior, fenómenos de masas-, entonces el silencio muestra la justicia que, en significadas veces, habita dentro de la indiferencia del crítico inteligente. Y más cuando nada sobre escena hace justicia al ser propio del teatro –digo más: cuando el actor imita al celuloide en ropaje, caracterización, idiosincrasia liminal y sin profundidad del personaje. Cuando el teatro imita al cine, en general diríamos, es perdedor el teatro. Cuando a él busca ajustarse, entonces –como ahora- no hay teatro –mas una reducción, que no aporta valor, al argumento. Dirección, Garbi Losada.

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