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Hubo en España un tiempo de políticos cultos e importantes. No hablo de particulares logros, de políticas de acullá o de acá -o de otro sesgo. Preparados, deseosos y capaces. Con visión, cada cual, de lo que a la circunstancia convenía y reclamaba el Estado. No tan lejanos, lo afirmo -pues yo, sin más, los he llegado a ver obrar y conocido. Cuando todavía no había triunfado la opinión acomodaticia y falsa -legitimadora ad hoc de una situación, de una realidad y unos partidos- de que para la representación, con lograr situarse en una lista, cualquiera es apto o vale.

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