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Ya ha llegado, Señor, este día inesperado:

de los soles que se ausentan en su antiguo desvarío,

desvarío estelar, desconcierto de las horas

que el cosmos va midiendo en sus espacios infinitos.

Y mientras este día pasa y se sumerge,

y se pierde en las brumas que separan planetas y galaxias,

nosotros nos anclamos a otro día

-al nuestro, al del sol familiar y cotidiano

al astro envejecido de amores y trabajos diminutos,

nosotros: ignorantes o inconscientes,

por si acaso.

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