Etiquetas

Es fácil: así, su mirada agradecida, el niño afrontaba ante el maestro los deberes de aquel día. Como una promesa –de éxito, de esfuerzo no importaba cuánto con tal de lograr la aprobación que perseguía. Y, más tarde –bastante-, ya el rostro se le agravaba con la ponderación de los estudios juveniles: lo bello siempre es difícil –leía de la mano de Platón, en sus lecciones de filosofía principiantes. Perplejo y deslumbrado, pero firme. Más tarde todavía, y supo que el deber sobre los hombros no se mide en lo fácil o difícil: un imperativo, sin excusas ni coartadas. Pietista, casi ascético –diría. Implacable consigo –sin concederse la indulgencia que a sí propio le habría de dispensar la madurez serena –la belleza que, sin facilidad, le es propia. Mientras dura.

©

Anuncios