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Traduje, por devoción –por amistad, incluso-, aquellos textos de S. Mallarmé que hace años publicó la Colección Arquilectura. Fragmentos sobre el Libro. Fue una lid con las letras –Mallarmé, su prosa, su dificultad y su belleza. Y triunfó quien debía: la lealtad del traductor, con el autor y con su idioma propio –la verdad de las letras traducidas. Escandalizado por otra traducción en boga entonces y publicada por Alfaguara –editorial pulcra, sin embargo, y poderosa. Allí encontré, por ejemplo, aquello que decía falsamente: las lenguas, imperfectas en este aspecto como en otros, falta la suprema: el verso completamente superior. Insulso y falso –pues debiera decir, lo demostré y traduje: las lenguas, imperfectas en cuanto que varias, falta la suprema: el verso complemento superior. Lo que fue otro decir –y también, y esencialmente, otro distinto cantar.

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