Después de una cena correspondiente de Nochevieja, lector, y una vez reposados el ambiente y el condumio –da uno en pensar cómo el modo de verse y de ver las cosas se transforma con el tiempo. Y así, la desenvoltura externa de otros años –aquel asistir a las cosas de estos días con ánimo extrovertido- va cediendo hacia una ponderación de las vivencias. En su medida justa cada una, sin ceder a las alharacas interiores, sabiendo de su discreción y contingencia –de su belleza, por tanto. No sin el barniz suave que deja una nostalgia sin nombre ni motivo –y no porque no lo hubiera, mas por ser añoranza que sólo se funda y se provoca en el paso de los años.

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