Termina, casi, el día este de los Santos Inocentes –sin que nadie, en el entorno, haya practicado la intentona trasnochada de dar la inocentada. No sé si un gesto de sociedad menos infantil en algún modo. O, tal vez, de menor ingenuidad en sus divertimentos y expansiones. De menos humor para bromas, o más morigerada en las chanzas –si es el caso. Me pregunto no obstante por qué tal civilidad, ascesis en las bromas o asentamiento del juicio sólo se produjo en este día –y no en cada uno de los que llenaron de pública mediocridad y de añagazas el año que ha pasado. Salvo que no hablemos de engañifas o de juegos, mas de falsedad recalcitrante, política y culposa.

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