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En la página web sobre Turina, el músico grande y español, se puede consultar algún dato sobre la composición de su Op. 34 – La oración del torero – cuarteto de laúdes. Compuesta en el año 25 del siglo. El estreno, a cargo del Cuarteto de Laúdes Aguilar –famoso por Europa, por América, casi a un siglo ya de su distancia. Ese cuarteto español –Elisa, Ezequiel, José y Francisco- de los que pocos mencionan su terruño –Moratalla, en la región o reino de Murcia. Hoy, en la casa modernista de Díaz-Cassou de esa capital, un concierto ha mantenido la evocación de aquel compositor y aquel Cuarteto. Bajo auspicios de la Real Academia de Bellas Artes “Santa María de la Arrixaca”. Concierto bello y recoleto, con mandolinas y bandurrias –a cargo del hodierno Cuarteto Minos. El programa, concluyendo con la interpretación de la oración del torero en la versión que Turina escribiera para cuarteto de laúdes –la primera. Previo, un recitado del poema –en voz recobrada de su autor, Rafael Alberti. Tuvo el concierto –antes de culminación tan bella- músicas italianas de mandolina, alemanas también. De Stravinsky, sus cinco piezas fáciles –no tan fáciles, empero. De finales, cada una, que se rompen como en un quiebro vertical hasta el vacío del silencio repentino, o tal líquido desliéndose hasta el sonoro concluir de la última gota sobre el agua ya dormida. Las mandolinas, sonoras y delicadas sobre el fondo sordo, si tenue, de las cuerdas –sones que escapan sin tocarnos, indiferentes y bellos tal aletear de mariposas en ámbar oscuro y envoltorio de silencio. Las bandurrias –envolventes y sonoras. Avanzando sus sones al oído, hasta el alma –connatural su sonido. Y penetrante.

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