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Hablé sobre civilizaciones, en el post anterior. También, sobre la belleza por ellas producida y que –tras siglos- las podría atestiguar. No siempre, sin embargo. Porque la belleza también puede traer causa de un encubrimiento o de una indebida legitimación. Aunque algo en nosotros querría que fuera así: que cualquier belleza fuera huella, rastro, estela o ademán de un mundo de ciudadanos –libres y en dignidad. De ahí, también la cautela ante el empleo –falto del rigor, carente de responsabilidad- de la palabra civilización.

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