Lengua, matemáticas, filosofía y dinero. Cuatro lenguajes básicos que, dice hoy Arcadi Espada, antes de la Universidad los adolescentes deberían conocer. Al menos, en su sintaxis esencial, dejando para adelante el enriquecimiento léxico y el aumento del vocabulario que a cada uno corresponde. La enumeración –que podría resultar incompleta- quedaría salvada por la introducción de la filosofía: lenguaje y metalenguaje a la vez. Saber indefinido, con capacidad de penetrar críticamente el resto de lenguajes y a sí misma. Que se infiltra y se mezcla, sin confundirse del todo, en el meollo mismo de cualquier otro discurso y de su legitimidad. Y sin embargo, saber de imposible aplicación en la inmediatez, saber tal que –con el cual o sin el cual- la realidad permanece tal cual.
Cuatro lenguajes, en cuanto que median el intercambio comunicativo y los significados. Pero también porque construyen pautas y laberintos de interpretación. Y en cuanto que posibilitan la invención del sentido, ese horizonte regulativo sin el que nada apuntaría hacia un valor. Idiomas con tres funciones que les son esenciales: hermenéutica, poética y comunicativa. Críticamente catalizadas –cada una de ellas- por la inhabitación filosófica en su meollo interior.
Afirmo que, cuando la filosofía está en falta, algo sucumbe en la educación. Como si el resto de lenguajes decayeran en el suelo de un sordo utilitarismo, de una estéril positividad. Bien estaría que, más allá del cómputo de horas lectivas, se repensara la imbricación filosófica en el núcleo viviente de esos lenguajes que un joven -por él y por nosotros- debiera aprender a amar, utilizar y comprender.
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Totalmente de acuerdo con tu final
Bien estaría que, más allá del cómputo de horas lectivas, se repensara la imbricación filosófica en el núcleo viviente de esos lenguajes que un joven -por él y por nosotros- debiera aprender a amar, utilizar y comprender.”
Así debería ser amigo mio
He podido entrar aquí aunque me cuesta pero en los blogs cargados de imágenes imposible
Feliz domingo
El rincón de Gaviota
Posiblemente sea ésa la única forma para sustituir, con más eficacia, lo que siempre se ha pretendido con la tan manida “educación en valores”. Aprovecho, Juan, tu profunda reflexión para manifestar mi hartazgo por esa expresión llena de ruido y de furia y que nada significa, y, sobre todo, que nada consigue. ¿Cómo se puede educar en valores, ni siquiera con una introducción a una filosofía del lenguaje, a una hermenéutica que dé sentido a las palabras ya gastadas? No. Visión concienzuda del mundo es lo único necesario. Los valores son una mera consecuencia. Como preconiza Arcadi Espada, conocimiento no sólo omnicomprensivo sino con sentido, interactuación entre disciplinas, finalidad (no sólo aridez) en las matemáticas y en la física, inyección de filosofía hasta en el chino, y, sobre todo lucha contra la tendencia natural hacia el dinero y el éxito. En otras palabras, cohonestar ejemplo y formación instructiva. Abandonar definitivamente eso de la educación en valores. Imitación, no embuchamiento, práctica coherente, no prédica seguida de negación y caos, paz no seguida de guerra. ¿Educación en valores? No. Instrucción, conocimientos, y después, dechado, demostración de vida, actitud (de los que vamos) a imitar (por los que vienen). Ya está bien de educaciones teóricas para ciudadanías, de enfrentamientos dogmáticos entre valores y mandingas por el estilo. Así no llegaremos a nada. Ni con filosofía, ni con poesía ni con matemáticas neutras, ni siquiera con los humanísimos mundos de lenguaje con que Wittgenstein se arrepintió de su pecado analítico.